No cabe la menor duda que gran parte de las hazañas deportivas se deben a una gran capacidad de manejar el dolor. Para nadie es placentero dejar la cama y salir en una fría mañana a entrenarse, y todo esto se constituye en una constante batalla personal. El dolor, la pereza, el desgano, son los primeros sentimientos que afloran, cuando uno se dispone a realizar sus proyectos, pero afortunadamente la humanidad cuenta con esa incalculable fuerza que es "la voluntad", sin ella, difícilmente nos levantaríamos de nuestros lechos.
El día de hoy sentí por primera vez el impulso de correr. Todos estos días mis recorridos habían sido caminando, pero hoy mi voluntad me llevó a imprimirle más energía al asunto. Las primeras que no estuvieron de acuerdo fueron mis piernas (raro, porque hubiera creído que lo primero que fallaría sería la respiración). Después de un tiempo y de pasar cierto umbral de dolor (por cierto muy fácilmente alcanzado, debido a mi largo sedentarismo), el cuerpo comienza a responder, y el dolor se va. Fueron casi 3 kilómetros de trote, cuando en los primeros 300 metros mi cuerpo quería tirar la toalla.
Quizás esto nos deja una enseñanza: nuestra voluntad pausada debe atemperar nuestros ímpetus corporales, nuestra punzante lengua, nuestra pereza, y el tiempo permitirá llevarnos a estados donde nuestras metas se pueden alcanzar de manera paulatina, en tránsito directo hacia la felicidad.
Dia 3:
Lugar: Norte de Bogotá
Distancia: 7,39 KM
Duración: 01:15:07 Horas
Velocidad promedio: 5.9 Km/h
Energía: 498 kCal
Peso al final: 92 Kg
Contextura: Sobrepeso
Durante el recorrido: impulso repentino de correr, dolor casi que instantáneo, lucha y adaptación.
Al final: el día anterior hubo un contacto impersonal directo (e-mail) con mi amada. La separación persistirá por un tiempo, pero hay esperanzas de reencuentro.
